En los últimos meses, se ha especulado ampliamente sobre si México llegará al famoso quinto partido en Sudáfrica 2010. Yo pienso que no. Creo que este representativo nacional es bueno, pero, jugando como visitante, no ha demostrado poseer ese instinto asesino que te lleva a matar a tu rival cuando lo tienes dominado.
En algunas ocasiones sí ha mostrado dicho instinto, jugando en su propio continente, lo cuál lo ha llevado a ser pentacampeón de la Copa de Oro, dos veces subcampeón y tres veces tercer lugar de la Copa América, campeón de la Copa Confederaciones en 1999 (ante Brasil, en el Azteca) y llegar al mentado quinto partido en el mundial de México 86.
Fuera del continente americano, no es capaz de siquiera hacerle un partido digno a su archirrival (y ex-cliente) Estados Unidos.
Está claro que primero debemos preguntarnos si México logrará calificar en la fase de grupos. En esta ocasión, lo veo muy difícil, aunque la estadística nos indica que no es del todo imposible. En los últimos cuatro mundiales, México ha logrado avanzar a la segunda ronda, a base de suerte, garra y suficientes minutos de buen futbol; dejando fuera rivales como Bélgica y Noruega, empatando con potencias como Holanda e Italia, y derrotando a adversarios como Irlanda, Irán, Croacia y Corea del Sur.
Sin embargo, en la segunda etapa del torneo, invariablemente han sido descalificados; ya sea en la tanda de penales frente a Bulgaria en el 94, teniendo a Alemania abajo 1-0 y finalmente perdiendo 2-1 en el 98, dando un pésimo partido frente a Estados Unidos en el 2002, o dando un excelente partido pero perdiendo frente a Argentina en el 2006.
El mencionado hasta el cansancio partido inaugural contra Sudáfrica ha quedado atrás. Para bien o para mal, el conjunto mexicano ha conseguido un punto, al igual que los otros tres países del Grupo A.
En lo personal, creo que hubiera sido más conveniente, para México, que Francia o Uruguay se hubiera ido arriba con 3 puntos. De ese modo, Francia o Uruguay estaría en problemas, con cero puntos, y obligado a arriesgar más que México, cuando le tocase enfrentarlo.
Ahora, México, con un punto, tiene por delante los dos partidos más complicados (en teoría) de la ronda de grupos; mientras que, Francia y Uruguay, también con un punto cada uno, tienen por delante los dos partidos menos complicados (en teoría) de la ronda de grupos; lo cuál, (en teoría) les da más posibilidades que a México de pasar a octavos de final.
Pero está claro que todo esto es en teoría. En una de esas, México da la sorpresa y logra ganarle a uno y empatarle al otro, jugando bien al futbol (no como en el partido inaugural).
Soy de la opinión de que todo puede pasar. Sólo falta esperar, observar y desear, como dice la vieja frase, "que gane el mejor".
miércoles, 16 de junio de 2010
jueves, 10 de septiembre de 2009
¿Qué espera el mexicano de su selección nacional de fútbol?
Sin embargo, debido a la gran afición que hay en este país, la esperanza de ser el llamado "caballo negro" en un mundial y colarse a las semifinales se ha albergado y se seguirá albergando desde 1986, año en que la selección mexicana dio por primera vez de qué hablar en una copa del mundo.
Aún recuerdo vagamente el partido de octavos de final que se ganó contra Bulgaria (2-0), y el famoso "gol de tijera" de Manuel Negrete.
Una semana después, México se enfrentaba a Alemania en cuartos de final, en un partido empatado a cero y que terminó en la ronda de penales, con una derrota del cuadro mexicano (4-1).
Desde entonces, el aficionado mexicano ha estado a la espera de esa sorpresa, ese partido relevante en el que México se convierta en uno de los protagonistas de una competencia internacional.
La era Menotti (1991-1992) es, para muchos, la que vino a darle un empujón al equipo.
En la Copa América de 1993, después de haber hecho un buen torneo, México perdería la final contra Argentina (2-1).
Después de empatar con Italia (1-1), y de quedar como primer lugar de su grupo en el mundial de Estados Unidos 94, se empata (1-1) en octavos de final con Bulgaria y se pierde en la tanda de penales (3-1), consumándose la venganza del cuadro búlgaro por lo ocurrido en México 86.
En el mundial de Francia 98, después de los emocionantes empates con Bélgica (2-2) y Holanda (2-2) en la primera ronda, México se enfrenta a Alemania en octavos de final y se pone adelante en el marcador en el minuto 47 con un gol de Luis Hernández. Después vendrían los dos goles germanos y seríamos eliminados del torneo.
Al año siguiente, en la Copa Confederaciones, México ganaba la final contra Brasil (4-3); sin duda, el triunfo más relevante de la selección mexicana hasta la fecha.
En la Copa América del 2001, México derrota en semifinales al bicampeón del mundo Uruguay (2-1), para perder contra Colombia en la final (1-0)
En el mundial de Corea/Japón 2002, después de otro empate con Italia (1-1) en la primera ronda (y de terminar nuevamente como primer lugar de su grupo), México es eliminado por su archirival, Estados Unidos (2-0), en los octavos de final.
Mucho más interesante fue la actuación de México en la Copa Confederaciones 2005, donde se empató con Argentina (1-1) en un gran partido de semifinales, para terminar perdiendo en los penales (6-5). Fue uno de esos enfrentamientos en los que se tiene el triunfo en la mano, pero se termina perdiendo fatídicamente.
Otro partidazo fue el juego por el tercer lugar en el mismo torneo, donde se pierde (jugando como los grandes) ante el anfitrión, Alemania (4-3), que peleó y festejó como si hubiera sido una final.
También fue memorable (aunque frustrante) el partido de octavos de final en el mundial de Alemania 2006, donde se pierde ante Argentina (2-1), en tiempos extra, y por un golazo de Maxi Rodríguez.
En la Copa América del 2007 se pierde ante Argentina (3-0) en semifinales y se gana un decoroso tercer lugar ante Uruguay (3-1). A ver qué tal nos va contra los uruguayos en Sudáfrica 2010. La única vez que se han enfrentado en un mundial, terminaron empatados (0-0), en Inglaterra 66 (donde, por cierto, también enfrentaron a Francia en la primera ronda).
Hasta la fecha, México sigue con hambre de sorpresa, hambre de obtener esa victoria relevante y eliminar a una potencia de un torneo internacional de fútbol.
Si esto se logrará o no, es un completo enigma, sobre todo viendo los altibajos que nuestro fútbol sigue teniendo eternamente.
Ni muy grande ni muy pequeño. Ese es y seguirá siendo nuestro nivel. Aceptémoslo.
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